La eutanasia, es la terminación deliberada de la vida de un paciente en orden a prevenir posteriores sufrimientos. Es decir, se entiende como acción u omisión que por su naturaleza o en la intención, causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor.
Es bueno detenerse aquí; dado que el debate se plantea desde en equívocos y muchas veces con una terminología que oculta el verdadero carácter del acto. Así, conceptos como "derecho a disponer de la propia vida", "derecho a una muerte digna", "morir con dignidad", ocultan el intento de dignificar el suicidio y la cooperación homicida con el suicida.Dentro de los debates éticos en la profesión médica, la eutanasia goza de una singular actualidad. Después de años, una gran literatura médica ha sido publicada a favor y en contra. La discusión gira alrededor de la tensión entre los imperativos éticos para aliviar el sufrimiento, particularmente en pacientes terminales quienes toman una decisión consciente de finalizar sus vidas, y la proscripción contra la participación del médico y otros profesionales en el control de una vida.
Una de sus clasificaciones es el suicidio asistido: significa proporcionar en forma intencional y con conocimiento a una persona los medios o procedimientos o ambos necesarios para suicidarse, incluidos el asesoramiento sobre dosis letales de medicamentos, la prescripción de dichos medicamentos letales o su suministro. Se plantea como deseo de extinción de muerte inminente, porque la vida ha perdido razón de ser o se ha hecho dolorosamente desesperanzada. Cabe destacar, que en éste caso es el paciente el que voluntaria y activamente termina con su vida, de allí el concepto de suicidio.
Pues bien este término esta muy de actualidad ultimamente debido al caso de Eluana Englaro, de 33 años, en estado neuro-vegetativo irreversible desde que tuvo un accidente de tráfico en 1992 y a cuyo padre un tribunal de Milán autorizó a interrumpir el tratamiento que la tiene viva. En contra de la misma se manifestaron exponentes del Vaticano, entre ellos el presidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Angelo Bagnasco, que expresó su "preocupación" ante la posibilidad "de que se proceda a la pérdida de una vida por una sentencia".
La decisión de la Audiencia de Milán fue recurrida por la Fiscalía, mientras el Senado italiano pidió al Tribunal Constitucional que se pronuncie sobre quién tiene atribución en los casos de eutanasia, el poder legislativo o el judicial, ya que esta cuestión no está regulada en el país.
La sentencia reabre así el caso de Eluana e introduce novedades jurídicas sobre la posibilidad de concesión de la eutanasia en el país, pues hace dos años, el Supremo había negado el recurso de la familia Englaro. El Supremo especificó que "actualmente hay una carencia legislativa que proporcione las indicaciones en casos de petición de suspensión de tratamientos médicos por parte de los tutores de personas en coma y sin esperanzas de mejoría".
"Desconectad las máquinas, dejad morir a mi hija, tened un poco de dignidad", ha repetido en estos años Beppino Englaro, que ha escrito a todas las autoridades italianas pidiendo que "cese la agonía" tanto para Eluana como para el resto de las personas que se encuentran en esta situación.





















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