miércoles, 8 de abril de 2009

Derechos humanos y tráfico de órganos


El progreso en la ciencia y tecnología médica ha contribuido al crecimiento de los trasplantes de riñón y otros órganos en todo el mundo. Aun así, la diferencia entre la oferta y la demanda de trasplantes continúa aumentando. En Europa, por ejemplo, la media de tiempo de espera para un trasplante oscila alrededor de los tres años, y se espera que se alargue a diez años para el 2010. Con 120.000 pacientes con diálisis crónica y 40.000 pacientes en lista de espera para un riñón, entre el 15% y el 30% de estos enfermos morirá anualmente -solamente en Europa Occidental- por la escasez de órganos.

Muchos pacientes se ven involucrados en el tráfico de órganos para encontrar una solución a la larga espera. Paralelamente, varios criminales y otros individuos han reconocido que la escasez de órganos es una oportunidad fácil para presionar a la gente de otros países que vive en la pobreza con el fin de que vendan sus órganos. La posibilidad de obtener enormes beneficios justifica su interés: los vendedores de riñones obtienen entre 2.500 y 3.000 dólares, mientras que los receptores pagan entre 100.000 y 200.000 dólares.

El 11 de diciembre de 2007, el Centro para Bioéticas de IHEU-Appignani– copatrocinado por la Oficina del Relator Especial de Naciones Unidas sobre asuntos de Géneros y Avance de las Mujeres, convocaron un debate entre expertos titulado “Interceptando crisis de derechos humanos: Trasplante y tráfico de órganos”. Durante el debate, se plantearon varias preguntas sobre ética, medicina, derechos y también problemas sociales en general. Entre los expositores se encontraban representantes de Naciones Unidas, el Consejo Europeo, el Centro de Bioéticas de la Universidad de Pennsylvania, el Departamento de Cirugía de Trasplante de la Universidad de Nueva York, y también el Departamento Médico de Cirugía y Trasplante de Westchester.

Se habló en profundidad sobre el tráfico de órganos y los mercados de órganos. El profesor Art Caplan de la Universidad de Pennsylvania señaló que el grupo Falun Gong preocupa porque los practicantes que se encuentran en prisiones o campos de trabajo en China han sido utilizados como fuentes de órganos para adinerados receptores de órganos, tanto a nivel nacional como internacional.

Hasta qué punto aquellos que viven en la pobreza no tienen otra opción, fue también objeto de debate por los exponentes. Maud de Boer-Buquicchio, la primera mujer elegida Secretaria General del Consejo Europeo por la Asamblea Parlamentaria de la Organización, hizo hincapié en la necesidad de esfuerzos coordinados multilaterales de los gobiernos para combatir el tráfico de órganos.

El profesor Khalid Butt del Departamento Médico de Cirugía y Trasplante de Westchester habló sobre el papel de la pobreza en la participación de donantes de órganos. El profesor Butt dio tres razones para el trasplante de órganos: emocional, altruista, y económico, y sugirió que con el fin de mejorar las donaciones de órganos es necesario mejorar el tratamiento médico inicial del donante y el cuidado médico posterior.

El profesor Thomas Diflo del Departamento de Trasplante y Cirugía de la Universidad de Nueva York habló sobre el creciente y complejo problema del “turismo de trasplante”. Los últimos datos de la United Network for Organ Sharing (UNOS) en Estados Unidos enumeran aproximadamente a 98.000 individuos que esperan un órgano, comparado con los 30.000 órganos donados el año pasado. Además habló sobre su propia experiencia como cirujano de trasplante, sobre el caso de un paciente sino-americano que había vuelto de China después de recibir un órgano trasplantado de un preso ejecutado, planteando importantes cuestiones éticas. Incluso presentó su propia investigación en China junto a un periodista, que fue publicada en un artículo del Village Voice en 1999, cuando dos órganos de presos chinos ejecutados fueron sustraídos sin el permiso de los familiares.

Entre las soluciones posibles que surgieron en este nuevo debate, se encontraba crear un marco legal más amplio contra el tráfico de órganos, iniciar medidas para mejorar la salud en los “países donantes”, identificar a los donantes ilegales, y negar el seguro médico para pacientes que han recibido un trasplante en el extranjero. La responsabilidad criminal debería extenderse a todos aquellos involucrados en el proceso del tráfico de órganos, incluyendo a agentes, intermediarios y al mismo donante.

Para más información: www.humanistbioethics.org
Fuente: www.lagranepoca.com/

2 comentarios:

  1. soy una estudiante de medicina humana y la verdad estoy muy conmocionada y triste respecto a este tema ;nunca me imgine que esto fuera una realidad tan fria y sin escrupulos no meimagine que existian precios determinados .
    estoy muy decepcionada
    espero nunca tener que acceder a esta metodologia tan cruda y cruel para algunos y tan beneficiosa para otros***HD*****

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  2. si el donante lo hace voluntariamente es aceptable, el problema está en la gente que por dinero vende a su madre.

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